Bailes folklóricos y danzas cívicas contemporáneas: Nago de Nicoya aclara sus diferencias
La riqueza cultural de Guanacaste suele verse opacada por una confusión frecuente: llamar bailes folklóricos a coreografías creadas en actos cívicos y sociales. El folklorólogo y compositor Abdenago “Nago” Torres Meléndez, exdirector del Departamento de Folklore del Ministerio de Cultura, investigador y cantautor, explica que distinguir las tradiciones auténticas de las representaciones contemporáneas es recordar que el folklore se vive con el alma, no se ensaya en un escenario.
El Punto Guanacasteco una manifestación auténtica de baile folklórico
El verdadero folklore: tradición viva del pueblo
“El término folklore proviene del inglés folk lore, que significa ‘sabiduría de los pueblos’”, explica Torres. El folklore no es institucional, ni tiene autor conocido. Su origen es anónimo y nace de las manifestaciones espontáneas de la gente en su vida cotidiana: lo que comen, lo que cantan, cómo bailan y cómo celebran.
“El folklore es un solo cuerpo que vive, siente y se viste de acuerdo con sus condiciones económicas, sociales y a lo que tiene a su alcance. En tiempos antiguos, por ejemplo, se usaban telas elaboradas a partir de la corteza del árbol de mastate, una práctica utilizada en el Valle Central durante la época colonial. Estas formas de vestir eran un reflejo de creatividad y adaptación a lo disponible en el entorno natural”, señaló Nago.
En la Gran Nicoya pre y poscolombina, la riqueza cultural alcanzaba niveles de gran sofisticación. Los pueblos utilizaban jícaras, calabazos, jícaros para sus bebidas, zapotes para instrumentos, guitarras y tambores, además de monedas (cacao) y billetes (hojas de cacao). También fueron parte del acervo cultural la cerámica, las esculturas, los instrumentos de piedra y los cantos mágicos y oraciones.
Folklore guanacasteco: identidad y música compartida
El folklore no se limita a la danza. Se expresa también en la música, en la marimba y en los cantos de faena. Una de sus más puras manifestaciones es el Punto Guanacasteco, símbolo nacional y sinónimo de identidad y orgullo cultural.
Sin embargo, Nago aclara su origen: “El Punto Guanacasteco es en realidad un canto hondureño dedica do al general Guardiola, llamado El Mira Corazón, que en San José y otras provincias lo cantaban así. Guanacaste, con su marimba, lo transforma no solo de ritmo, sino que lo baila con el nombre de son y suelto, convirtiéndolo en su folklore dilecto. Con el tiempo se consolida como nuestra danza nacional, ya sin letra, solo danza y con las respectivas bombas heredadas de Extremadura, España, donde aún exis ten”.
El folklore con raíces prehispánicas
El folklore de Guanacaste tiene raíces prehispánicas que se remontan a la Gran Nicoya y se proyectan hasta hoy en la provincia. Entre sus danzas más repre sentativas están:
La Yegüita de Nicoya
Los Promesanos de Esquipulas de Santa Cruz
La Botijuela
El Pavo
El Zapateado
El Zopilote
Todas estas, junto con otras, se consolidaron en el tiempo y se convirtieron en tradición, fusionando ritmos europeos como el vals, la jota, el corrido y el swing
Danzas cívicas contemporáneas: expresión con autoría
En contraste, lo que comúnmente se presenta en actos cívicos no es folklore, sino danzas cívicas con temporáneas con finalidad pedagógica o artística, que sí tienen un autor o coreógrafo. “Cuando un maestro o un director inventa un baile para un acto del 15 de septiembre, eso no es folklore. Puede estar inspirado en el folklore, pero tiene un creador, una estructura y una intención escénica. Eso lo convierte en danza cívica o coreografía contemporánea”.
Un legado que trasciende generaciones
El folklore guanacasteco, en esencia, es memoria colectiva que permanece viva en las celebraciones comunitarias, en las fiestas patronales, en el son de las marimbas y en la alegría espontánea del pueblo que baila el Punto Guanacasteco. “Esa es la diferencia: podemos respetar y valorar ambas cosas; el folklore como herencia viva y las danzas cívicas como creaciones con temporáneas que también enriquecen nuestra cultura. Pero nunca debemos confundirlas”, concluyó Nago.