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En los últimos diez años, según datos de la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), Costa Rica ha registrado un avance importante en el nivel educativo de la población de 15 años y más. La comparación entre el IV trimestre de 2015 y el IV trimestre de 2025 evidencia una mejora consistente en la estructura educativa del país.

Imagen ilustrativa. Crédito: Pexels

En 2015, el 67% de esta población tenía secundaria incompleta o un nivel inferior. Para 2025, ese porcentaje se redujo a 55%, lo que representa una disminución de 12 puntos porcentuales en la proporción de personas con menor nivel educativo.

Costa Rica: Distribución de la población de 15 años y más por nivel educativo.

Población de 15 años y más

IVT 2015

Peso

IVT 2025

Peso

Nivel de educación

3.739.173

100%

4.275.169

100%

   Secundaria incompleta o menos

2.490.782

67%

2.371.885

55%

   Secundaria completa

482.140

13%

808.047

19%

 Universitario con o sin título

763.089

20%

1.094.910

26%

Fuente: OES-UNA con datos de la ECE del INEC.

La mejora se observa tanto en mujeres como en hombres. Entre las mujeres, el porcentaje con secundaria incompleta o menos pasó de 65% en 2015 a 54% en 2025. En los hombres, la reducción fue de 68% a 57%.

Paralelamente, aumentó la proporción de personas que completaron la educación secundaria (sin estudios universitarios). Este grupo pasó de 13% en 2015 a 19% en 2025. Entre las mujeres, el porcentaje creció de 13% a 19%, mientras que entre los hombres aumentó de 12% a 19%.

Asimismo, se registra un incremento en la población con estudios universitarios, con o sin título. En 2015, el 20% contaba con formación universitaria; para 2025, la cifra ascendió a 26%. En el caso de las mujeres, el porcentaje pasó de 21% a 27%, y en los hombres de 19% a 24%.

Estos avances también se reflejan en el perfil educativo de la población desempleada y ocupada.

Personas desempleadas

En el IV trimestre de 2015, el 64% de las personas desempleadas tenía secundaria incompleta o un nivel educativo inferior. Para el IV trimestre de 2025, esa proporción se redujo a 49%, lo que representa una disminución de 15 puntos porcentuales en una década.

Paralelamente, aumentó la proporción de personas desempleadas con mayores niveles educativos. Quienes tenían secundaria completa pasaron de representar el 19% al 26%, mientras que aquellas con estudios universitarios —con o sin título— aumentaron del 17% al 25%.

La mejora en el perfil educativo de quienes buscan empleo es evidente. No obstante, el mercado laboral también ha elevado el estándar mínimo de empleabilidad. Actualmente, no completar la secundaria representa una desventaja significativamente mayor que hace diez años. El crecimiento económico se concentra en sectores que demandan mayores competencias, lo que convierte a la educación en un requisito cada vez más determinante para acceder a oportunidades laborales.

Personas ocupadas

Entre la población ocupada también se observa un cambio importante en la estructura educativa. En el IV trimestre de 2015, el 60% tenía secundaria incompleta o menos; para el IV trimestre de 2025, el porcentaje se redujo a 47%.

En el caso de las mujeres ocupadas, la proporción con secundaria incompleta o menos pasó de 53% a 37%, mientras que entre los hombres disminuyó de 65% a 53%.

Por su parte, el porcentaje de personas ocupadas con secundaria completa aumentó de 14% en 2015 a 21% en 2025. Entre las mujeres pasó de 14% a 20%, y entre los hombres de 14% a 22%.

En cuanto a la población ocupada con estudios universitarios, con o sin título, el porcentaje aumentó de 26% en 2015 a 32% en 2025. Entre las mujeres el crecimiento fue particularmente significativo, pasando de 33% a 43%, es decir, un incremento de 10 puntos porcentuales. Entre los hombres, el aumento fue de 21% a 25% (+4 p.p.).

Estos resultados evidencian una mejora en el nivel educativo de la fuerza de trabajo costarricense. Asimismo, confirman que la educación se ha consolidado como un factor cada vez más determinante para la inserción laboral, en un contexto en el que la estructura productiva del país exige mayores niveles de calificación.

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