El Sesuvium Portulacastrum es un desalinizador natural, que permite que los tallos hagan una red que atrapa semillas. Este es un ejemplo de restauración del ecosistema que impulsa el proyecto. Crédito de foto: María Marta Chavarría D. /ACG
El Sesuvium Portulacastrum es un desalinizador natural, que permite que los tallos hagan una red que atrapa semillas. Este es un ejemplo de restauración del ecosistema que impulsa el proyecto. Crédito de foto: María Marta Chavarría D. /ACG

En 7 hectáreas de manglar, todo el proceso de restauración se ha ido documentando, al ser la primera vez que se trabaja en el Pacífico Seco de la provincia.

Por: Silleny Sanabria Soto.

El proyecto comienza con acciones en el campo, sin embargo, da sus primeros pasos mucho tiempo antes, a finales del 2018 cuando fuimos escogidos como sitio y porque es un proyecto financiado por el Fondo Francés para el Medio Ambiente.

La especialista e investigadora principal analizó el sitio para hacer la restauración ecológica que significa que el sitio está tan degradado que cuando se trabaja en él parece que se está destruyendo, pero es en aras de recuperarlo.

“Cuando se trabaja así, es importante que se trabaje con los mejores expertos mundiales, y con el Fondo Francés se trajo a la doctora Claudia Agraz de EPOMEX del Instituto de Campeche y ella evaluó el lugar, y quedamos en los finalistas y luego nos escogieron dentro de los tres sitios de Costa Rica. Hasta el momento somos uno de los más exitosos, porque era un gran reto al ser una salina abandonada y funcionó como una salina para varios pueblos”, comentó María Marta Chavarría Díaz Bióloga del Área de Conservación Guanacaste (ACG).

La investigadora agregó además que cuando se inició con el proceso de recuperación se encontraron con una capa de sal de más de 15 centímetros de profundidad en 7 hectáreas de pura sal y para hacer la restauración había que comenzar a lavar. “Aquí fue cuando Claudia hizo el diseño hidrológico a través de canales para que pueda entrar la marea porque todo estaba hecho para la sal nada más y hay varias técnicas como reforestar con arbolitos en los canales para que no se desplomen, para que los bordes se estabilicen, y una vez estabilizados ya la corriente va a estabilizarse, las plantas que nacen son maravillosas”, explicó.

Otro aspecto importante es que desde el inicio se contrató a más de 80 personas de la comunidad de Cuajiniquil para hacer los canales, las mujeres colaboraron para hacer la reforestación de los árboles, entonces hubo una apropiación de las mujeres en el proyecto. Al ser una comunidad pesquera y restaurar el manglar afloran los sentimientos de la pesca de la población, y es de importancia para la provincia y para el país.

¿Cuál ha sido uno de los mayores retos?

Fue muy difícil porque la organización que daba los fondos cerró y fue difícil seguir operando, pero la investigadora se dio a la tarea de buscar organizaciones y personas físicas que la ayudaran a financiar para que las personas trabajaran de igual forma.

“En 2020 y 2021 se trabajó de esta forma, y en noviembre me dieron la noticia de que vamos a poder comenzar de nuevo con los fondos, pero en otra organización para poder darle seguimiento a partir del año entrante”, comentó Chavarría, quien agregó que con el contexto del cambio climático, hay muchas personas más interesadas. Hay un grupo de personas francesas que van a cruzar el Atlántico en un velero, pasan por el Canal de Panamá y uno de los sitios confirmados es el Área de Restauración lo que le da mayor visualización.

“Es un área muy chiquita de restauración, pero estamos tratando de documentar todo y esto es muy importante porque nunca se había hecho una restauración en el Pacífico Seco de la provincia, el cual es meramente estacional, lo que hace que los ecosistemas sean muy vulnerables, pero con características muy importantes, que permiten documentarlo que forma un precedente para poder hacerlo mejor. Por ejemplo, cuando hay huracanas o tormentas los canales suelen atascarse y luego del evento se pierden muchas hectáreas de manglar, pero ahora con el conocimiento podemos medir salinidad, oxígeno, temperaturas de las aguas, y de esta forma actuar y evitar que se mueran grandes partes del manglar”, explicó la Bióloga.

Sobre sus avances

Si se le da el mantenimiento preciso la recuperación no va a costar tanto, hasta el momento hay árboles que han nacido porque han puesto las semillas ellas mismas, y cuando llegaron hace un año y medio eran unos arbolitos con cinco hojas apenas y ahora tienen hasta 2700 hojas y miden más de 1.70 metros.

“El trabajo ha sido duro, pero ha sido muy reconfortante por todas las implicaciones que han pasado y ver los logros hasta ahora es muy importante para nosotros. El Fondo Francés para el Medio Ambiente y la Dra. Claudia Araz han sido claves para lograr trabajar en este proyecto, por lo que no nos queda más que agradecerles, porque sin su ayuda no habría sido posible”, finalizó Chavarría.


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