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Tras dos décadas de investigación sobre la presencia de neurobrucelosis en delfines rayados juveniles hallados muertos en las playas del Pacífico costarricense, se determinó que el 95 % de los cetáceos encallados resultaron positivos a la bacteria Brucella ceti.

La mayoría de los delfines analizados resultaron positivos y se recuperó la bacteria en un 72% de los casos. (Foto con fines ilustrativos).

Tras dos décadas de investigación sobre la presencia de neurobrucelosis en delfines rayados juveniles hallados muertos en las playas del Pacífico costarricense, se determinó que el 95 % de los cetáceos encallados resultaron positivos a la bacteria Brucella ceti. Así lo confirmó Gabriela Hernández, jefa de la Unidad de Microbiología Médico Veterinaria del Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) y egresada de la Universidad Nacional (UNA).

Los resultados se presentaron durante la 77.ª Conferencia Internacional de Investigación sobre Brucelosis 2025, organizada por el Programa de Investigación en Enfermedades Tropicales (PIET) de la UNA y la Universidad de Costa Rica (UCR), en conjunto con la International Brucellosis Society.

La investigadora explicó que esta bacteria ha existido por millones de años en los océanos, aunque fue identificada por primera vez en 1994 en Estados Unidos y el Reino Unido, históricamente en el hemisferio norte. “En nuestro caso empezamos a trabajar en 2004, dos años después obtuvimos la primera bacteria que confirmaba la enfermedad en los trópicos del mundo. Al no ser especies comunes con esta enfermedad, los kits comerciales no las incluían; de ahí que debimos investigar qué funcionaba y qué no para ellos, cómo mejorar lo que existía para vacas y adaptarlo”, comentó la experta.

Hernández explicó que, de manera similar a los humanos, los delfines que padecen brucelosis desarrollan problemas osteoarticulares, endocarditis y lesiones en el cerebro y el sistema nervioso central, lo que les dificulta nadar y flotar. “En los delfines, la enfermedad es mucho más severa, invade el cerebro y provoca la muerte”, subrayó.

Delfín rayado, el más afectado

Durante 20 años de monitoreo, la especie delfín rayado (Stenella coeruleoalba) ha sido la más afectada en el Pacífico Tropical Oriental. “De todos los casos analizados, sólo tres individuos resultaron negativos. Hemos recuperado la bacteria en un 72 % de los animales analizados, lo que confirma la alta prevalencia de la enfermedad”, indicó Hernández. Además, se ha detectado serología positiva en al menos 10 especies más de cetáceos en la región.

La veterinaria enfatizó que cuando un delfín encalla, normalmente lo hace para morir. “Muchas personas intentan devolverlo al mar, pero el animal vuelve a la orilla. Llega con fracturas, raspaduras y quemaduras por el sol. Es un proceso doloroso y estresante”, afirmó.

De las 30 especies de cetáceos registradas en el Pacífico costarricense, en 11 especies se ha detectado serología positiva, y una en el Caribe.

La recomendación es que, si se encuentra un delfín encallado, se puede intentar devolverlo al mar, pero solo una vez. Si el animal vuelve a la orilla, se debe contactar a las autoridades (911, Senasa, Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), Guardacostas o Bomberos). Si es posible, tome fotografías para identificar la especie y facilitar la atención.

 

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