A 58 años de su erupción, Arenal mantiene interés científico
Aunque el volcán permanece sin actividad magmática desde 2010, se cataloga como un laboratorio natural clave para la ciencia, la gestión del riesgo y el uso del territorio ante peligros volcánicos.
Periódico Mensaje
El volcán Arenal mantiene un alto interés científico, ya que su vigilancia permanente fortalece la prevención de futuros procesos geológicos. Crédito foto: Cristian Marín Vega
A 58 años de la erupción del volcán Arenal, el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) de la Universidad Nacional (UNA) recuerda la importancia de este macizo, no solo por su historia eruptiva en 1968, sino por el impacto que produjo sobre los asentamientos humanos y el ambiente, al destruir ecosistemas ricos en flora y fauna. También por el valioso acervo científico que se ha documentado en casi seis décadas.
El 29 de julio de 1968, el volcán Arenal despertó con una violenta erupción, considerada la tragedia volcánica más letal del país, la cual transformó el paisaje de la zona norte de Costa Rica, quitando la vida a una centena de personas y destruyendo todo a su paso.
María Martínez, geoquímica del Ovsicori-UNA, explicó que el Arenal es un estratovolcán geológicamente muy joven, con una edad aproximada de 7.000 años es decir, más joven que la cercana cordillera de Tilarán, cuya formación se remonta entre uno y siete millones de años. "Nuestros ancestros indígenas ya habitaban esta región antes del nacimiento del volcán Arenal, como lo demuestran numerosos hallazgos arqueológicos entre La Fortuna y el Lago Arenal", señaló la investigadora.
Martínez agregó que la actividad prehistórica e histórica del Arenal se caracteriza por erupciones de gases y lava de diversa energía (índice de explosividad), con erupciones mayores plinianas y subplinianas, como la más reciente de 1968, y flujos piroclásticos (nubes ardientes de gas, ceniza y rocas). Antes de ese año, solo existía una montaña cónica con un cráter, el viejo D.
Cabe destacar que el nombre de Arenal hace alusión a la abundancia de arenas (cenizas, lapilli, roca pulverizada) en el edificio volcánico y sus alrededores.
Despertar precedido por señales
La investigadora explicó que el Arenal era una montaña cubierta por bosques vírgenes y presentaba solo un cráter en su cima (el viejo Cráter D), con algunas fumarolas de baja temperatura (<100º Celsius) y olor azufrado. Durante varios años, previos a la erupción del 68, comenzaron a registrarse cambios que hoy se reconocen como señales precursoras de una erupción inminente.
Información recopilada del libro Costa Rica y sus volcanes, del geólogo Guillermo Alvarado, señala que entre 1961 y 1967, pobladores y cazadores, describieron un aumento en la actividad fumarólica, donde las aguas del Río Tabacón aumentaron su temperatura y cambiaron de sabor; incluso relataron la ocurrencia de sismos de baja y moderada magnitud y la aparición de grietas en el suelo. Además, se reportó la muerte de ganado por emisiones de dióxido de carbono provenientes del subsuelo.
La erupción del 68 inició con alta sismicidad, el 28 de julio de ese año, y luego una energética explosión el 29 julio, la cual ocasionó una nube ardiente de gas, cenizas y rocas calientes (balísticos), impactando los poblados de Tabacón y Pueblo Nuevo. Esta explosión fue registrada por barógrafos en todo el mundo. En días posteriores, ocurrieron más erupciones, con más víctimas mortales y destrucción de ecosistemas. Asimismo, ganado y animales domésticos, así como la fauna natural sucumbieron a las erupciones de gases, ceniza y balísticos del macizo de La Fortuna.
"La erupción del Arenal de 1968 representa el desastre por actividad volcánica más letal en la historia de Costa Rica", enfatizó Martínez.
“Pensamos lo peor”
Eduardo Malavassi, vulcanólogo y uno de los fundadores del Ovsicori-UNA, recordó que la erupción del Arenal de 1968 estuvo a punto de cobrar la vida de su padre, el geólogo Enrique Malavassi, quien sobrevivió a una nube piroclástica, debido a una fuerte erupción, aunque sufrió serias quemaduras en la piel.
Según relató, el 31 de julio de 1968, don Enrique ingresó al volcán junto con un grupo de munícipes y un químico de la Universidad de Costa Rica (UCR), con el propósito de acercarse al nuevo cráter para realizar mediciones y tomar fotografías. Sin embargo, cuando se encontraban en el cauce medio del Río Tabacón, en plena zona boscosa, fueron sorprendidos por una violenta erupción.
"La nube ardiente nos cayó encima y en pocos minutos arrasó con la vegetación. Todos sufrimos quemaduras en los brazos por la ceniza incandescente y el gas caliente. Nos salvamos porque logramos resguardarnos detrás de un árbol caído", recordó Malavassi al relatar el testimonio de su padre.
El grupo tardó cerca de diez horas en regresar caminando hasta La Fortuna. Durante el recorrido no recibieron ayuda, ya que Defensa Civil había evacuado toda el área como medida de seguridad.
Crédito: UNA Comunica
42 años de actividad
Tras el despertar de 1968, el Arenal mantuvo un ciclo eruptivo que se prolongó durante casi 42 años. Su actividad estuvo dominada por explosiones de gases, vapor de agua, ceniza y bombas volcánicas, así como por la emisión continua de coladas de lava. Durante ese periodo se formaron nuevos cráteres y un domo de lava en el joven y actual Cráter C, el cual al rebalsar y colapsar en repetidas ocasiones, originó peligrosos flujos piroclásticos.
Martínez subrayó que las erupciones modificaron la morfología del volcán a través de procesos destructivos-constructivos. Aunque el característico cono del Arenal se construyó a lo largo de miles de años, la actividad iniciada en 1968 hizo crecer el edificio volcánico y originó el actual cráter C, que sobresale unos 50 metros sobre la cima del Arenal y es, visible junto al antiguo cráter D que existía antes de la explosión del 68.
Destacó que la actividad magmática comenzó a disminuir de forma gradual durante la década del 2000. Entre 2008 y 2010, las explosiones y la emisión de lava fueron cada vez menos frecuentes, donde las coladas de lava eran cada vez más viscosas y de menor longitud, hasta cesar por completo la actividad en octubre de 2010.
El cese de la actividad magmática fue confirmado por el Ovsicori-UNA, al no detectarse más la emisión del gas magmático dióxido de azufre (SO2), uno de los principales gases volcánicos indicadores de actividad magmática, ni en forma directa en el Cráter C, ni en forma remota (desde distancia con espectrofotómetro UV portátil). “En la actualidad el Arenal no registra erupciones solo la emisión débil y difusa de vapor de agua y cantidades menores de dióxido de carbono. Sin embargo, aún es objeto de una intensa vigilancia e investigación científica”, recalcó Martínez.
En el ojo de la ciencia
Agregó que en un volcán, el paso de una etapa activa magmática hacia un periodo de reposo como el actual, representa una oportunidad excepcional para estudiar y comprender mejor la evolución de los sistemas magmáticos y mejorar las herramientas de monitoreo volcánico, manejar el riesgo por peligros volcánicos y promover el uso razonable del territorio para una convivencia humana en armonía con los volcanes. “Los volcanes son proveedores de vida, agua, suelos fértiles, alimento, recursos, energía, actividades económicas y culturales, recreativas y terapéuticas (aplicaciones en medicina alternativa para la salud física y mental: balneología)”, comentó Martínez.
En ese sentido, las investigaciones del Ovsicori-UNA abordan el estudio de la sismicidad regional, la estabilidad de las laderas, la geoquímica de las aguas termales, los cambios en los fluidos volcánicos y la recuperación de los ecosistemas que fueron afectados por las erupciones.
Además, el monitoreo permanente permite identificar cualquier cambio en el comportamiento interno del volcán y evaluar amenazas como deslizamientos, avalanchas de roca o variaciones en las fuentes termominerales que caracterizan la región, así como la posibilidad de prever una potencial reactivación del Arenal en el futuro.