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Acción social de la UCR en toda la provincia guanacasteca

Un trabajo comunal universitario brinda nuevas herramientas digitales a, al menos, 170 pequeñas empresarias

María Isabel Méndez Vega utiliza procesos naturales y artesanales para hacer productos alimenticios que ofrece a los grupos de turistas que llegan a colaborar con su finca de café orgánico. Foto: Pablo Mora Vargas.

Si emprender es algo que ya de por sí atemoriza a muchas personas, el utilizar la tecnología como herramienta para desarrollar estos negocios puede paralizar a cualquiera.

Pero esto no ocurrió con María Isabel Méndez Vega y con Xenia Quesada Morales, ambas vecinas de Abangares, quienes se atrevieron no solo a lanzar su negocio hace varios años, sino que, además, incursionaron en el mundo de la tecnología para ampliar sus contactos y ventas.

Estas dos mujeres visionarias ingresaron a las capacitaciones que ofrece desde hace cuatro años el proyecto de Trabajo Comunal Universitario (TCU) “Desarrollo de Habilidades Tecnológicas y Empresariales en Mujeres Emprendedoras de Guanacaste” (TC-764), de la Sede de Guanacaste de la Universidad de Costa Rica (UCR). Esta iniciativa ha visitado ya los 11 cantones de la provincia guanacasteca y ha trabajado con unas 170 mujeres emprendedoras.

El proyecto tiene por objetivo ayudar al emprendedurismo guanacasteco a hacer crecer su negocio mediante el uso de la tecnología, el manejo de las redes sociales y de otras herramientas básicas en el mundo de hoy en estos campos, como el aprovechamiento de los teléfonos celulares inteligentes y de programas más complejos, como Excel.

La Sede de Guanacaste hace este esfuerzo en conjunto. Hay una colaboración interinstitucional donde destaca el Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu), las Oficinas de la Mujer de las diversas municipalidades guanacastecas o el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), que aporta al proyecto una base de datos de mujeres en condición de vulnerabilidad social en la parte empresarial.

De vuelta con las protagonistas, doña María Isabel tiene, desde hace 25 años, un negocio de turismo vinculado con la producción de café llamado Tour Rural Familia Bello, en su finca en Candelaria de Abangares. Ahí se produce café orgánico, sin uso de ningún agroquímico y solo recurren a productos naturales para ahuyentar plagas en los cultivos, algo que se enseña a quienes visitan la propiedad.

Con la ayuda que una agencia de un amigo de la familia le brindó, este emprendimiento comenzó a traer turistas a su propiedad. Empezaron con máximo cinco personas por mes y ahora reciben hasta 200 en temporada alta, sobre todo provenientes de Estados Unidos, Francia y Alemania. Esta idea de negocio les permitió darles el estudio a sus hijos.

Una de las cosas que más impresionan de doña María Isabel es su compromiso con las capacitaciones. Candelaria está a entre 45 minutos y una hora de Las Juntas de Abangares, en una montaña, por un camino bastante complicado. Por eso viaja en motocicleta, la mayoría de las veces acompañada de su marido o de su hija. Y si ninguno puede, pues “baja” en bus.

Pero ella dice que vale bien la pena ir a estos cursos impartidos por la Sede de Guanacaste para dejar de depender de la ayuda de su hija para hacer un producto digital específico, como una grabación o una publicación. Esto la ha hecho más independiente y segura de sí misma, en beneficio propio y del negocio, y por eso recomienda a más mujeres como ella integrarse a estas capacitaciones.

La emprendedora dice que el valor agregado del negocio es que los turistas que visitan su terreno puedan vivir la experiencia de trabajar el cultivo del café de forma orgánica. Esto ha provocado una gran cercanía e, incluso, que muchas veces la gente extranjera que visitó los cultivos vuelva como trabajadores voluntarios.

Además, doña Isabel y su familia producen bocadillos de diferentes frutos de su mismo terreno, como chips de plátano maduro y picadillo de arracache, chayote o papa, además de leche, queso y natilla, todo de su huerta y de sus vacas.

Resiliencia e innovación

El otro ejemplo de una empresa beneficiada con este proyecto de acción social es el de doña Xenia Quesada Morales, quien vive en el centro de Las Juntas. Su historia es resiliencia, fortaleza y tenacidad pura. Ella es la dueña de Creaciones Rosita desde hace 5 años, una microempresa que ella empezó como una terapia para recuperarse del fallecimiento de su papá, lo que provocó que debiera dedicarse a cuidar a su mamá.

En medio de ese duelo, su hija la inscribió en cursos de bisutería para ocupar su mente. A la vez, su familia se trasladó a Panamá por trabajo y en ese vecino país aprendió a utilizar material de reciclaje para crear decoraciones o implementos.

Al regresar al país, doña Xenia se inscribió en estos talleres impartidos por la UCR en la Municipalidad de Abangares, donde puso en práctica todos esos conocimientos. Ella ahora reconoce que estos cursos le han quitado el “miedo” a la tecnología, debido a que nunca había tenido un contacto tan intenso con estas herramientas.

Pero no solo se trata de la capacitación. Estos cursos del TCU también han aportado un intercambio social fundamental para las participantes, tanto en su relación entre ellas mismas como con el estudiantado que llega a enseñarles.

Toda esta motivación hace que doña Xenia desee invitar a otras mujeres como ella que, a pesar de que en un principio tuvo temor de iniciar un emprendimiento y capacitarse, ya está viendo los resultados de su valentía y de la acción social de la Sede de Guanacaste, en especial por medio del estudiantado que imparte los cursos.

Apoyo desde la academia

Los talleres tienen una duración de seis meses en cada zona donde se imparten, con grupos que no superan las 20 empresarias, cuyo únito requisito es ya tener un cierto camino recorrido con su emprendimiento y que hayan crecido con el apoyo de otras instituciones.

Por parte del TCU, este lo conforman 25 estudiantes, además del profesor Beyker Obando Zambrano, docente de la Sede de Guanacaste y quien coordina este proyecto.

Él explicó que, si alguna de las asistentes no puede llegar a una sesión, el equipo de trabajo prepara un video de no más de cuatro minutos donde resume la clase y se lo envían al teléfono para que ninguna se quede atrás.

En cuanto a los contenidos, estos pueden ser muy variados y dependen de una evaluación previa que hacen Obando y su equipo de estudiantes con la municipalidad con la que van a trabajar, o bien consultan al grupo de empresarias cuáles son sus necesidades antes de empezar a desarrollar los cursos. Pero, en general, esto va desde el conocimiento básico de usar una computadora, usar Word y redactar una carta, hasta programas de diseño gráfico básico.

A lo interno, la mística es fundamental entre el grupo de trabajo para que los cursos salgan bien. Por eso, el docente comentó que incentivar al estudiantado a realizar un trabajo comprometido con estas mujeres y sus comunidades es parte de la devolución de la inversión que hace la sociedad en la UCR.

En otras palabras, no se trata solo de cumplir con las 300 horas de TCU que cada estudiante debe realizar para pasar este requisito y poder graduarse más adelante, sino también de la responsabilidad que tiene la institución con la sociedad y con el desarrollo de una conciencia social más profunda en el alumnado.

Desde un punto de vista más macroeconómico, Obando recordó que gran parte de los impuestos que requiere el país dependen de la producción que generan las empresas, y que el 70 % de estas son microempresas como las de doña Xenia y doña María Isabel. De ahí la importancia de fortalecer cada una de estas iniciativas de negocios, sobre todo en áreas rurales donde no siempre hay disponibilidad de información o materiales de trabajo para enseñar a usar las herramientas digitales.

Creaciones Rosita En su Facebook, la familia de doña María Isabel postea imágenes de su finca y de sus visitantes para promocionarse como destino turístico rural.
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