El crecimiento descontrolado de la frontera agrícola y los acelerados procesos de deforestación, entre otros factores, han reducido las poblaciones de abejas nativas, por su importancia en la polinización flores, es indispensable promover su conservación y la de su hábitat en el bosque seco del país.

La expansión de la ganadería así como de la agricultura extensiva en el Pacífico Norte del país, se considera una de las principales amenazas para la conservación del bosque seco tropical. Este ecosistema, se caracteriza por albergar distintas poblaciones de abejas sin aguijón, indispensables por su papel de polinizadoras.

El Centro de Investigaciones Apícolas  Tropicales (Cinat-UNA) y el Instituto de Investigación y Servicios Forestales (Inisefor-UNA), con el apoyo del Área de Conservación Guanacaste (ACG), se unieron para presentar una propuesta de trabajo conjunto  con el fin de evaluar la dinámica de los ecosistemas forestales del bosque seco en el Área de Conservación Guanacaste (sector El Hacha y Pocosol), y su impacto en las poblaciones de abejas nativas para la protección de polinizadores y plantas hospederas asociadas a los ecosistemas, con el propósito de sensibilizar a los actores sociales de las comunidades aledañas para su conservación.

El Inisefor -UNA cuenta con Parcelas Permanentes de Monitoreo (PPM) en el ACG. “Lo que hicimos fue instalar 11 parcelas  temporales ( de 20 metros por 20 metros, de las cuales se seleccionaron  6 para ampliarlas a 40 por 60 metros para continuar monitoreándolas), en cada uno de los tres diferentes estados de recuperación natural del bosque.  De ahí tenemos una base de información sobre la composición y estructura florística del bosque, así como el reporte de ingreso de nuevas muestras a una colección botánica que tenemos en el Instituto”, explicó Henry Sánchez, investigador del Inisefor  -UNA.

Con este monitoreo conjunto, se determinó una densidad de 1.8 nidos por hectárea. “El bosque de árboles con más madurez tuvo la mayor cantidad de nidos (39%), mientras que el bosque secundario de edad intermedia resultó con la menor cantidad (25%)”, explicó Ingrid Aguilar, investigadora del Cinat  -UNA y coordinadora del proyecto.

La especie de abeja sin aguijón que fue detectada en todas las parcelas corresponde a Trigona fulviventris. Sin embargo, para las tres áreas con tipos de bosque en diferente estado de desarrollo, las especies de abejas con mayor cantidad de nidos fueron fueron Tetragonisca angustula (N=10), Scaptotrigona pectoralis (N=8) y Tetragona ziegleri (N=6). Entre las especies de árboles que albergan los nidos están el Indio desnudo (Bursera simaruba), ron-ron (Astronium graveolens), madroño (Calycophyllum candidissimum) y el encino ( Quercus oleoides).

Durante la investigación, se determinó que el roble encino, una de las 12 especies de encino nativas de Costa Rica, tenía la mayor cantidad de nidos. Cabe destacar que esta es la única especie de encino nativa del bosque tropical seco y húmedo y se encuentra en peligro de extinción. “Quedan pocos encinares, ya que han sido convertidos en potreros para ganado. De acuerdo con el patrón de anidación que encontramos, es de suma importancia para las abejas nativas si aguijón el proteger y estudiar este sistema, principalmente porque de acuerdo con los datos, esta especie presentó en el 2016 en una de las tres áreas una mortalidad del 93%”, detalló Aguilar.

Los primeros resultados de este proyecto evidencian que la recuperación de áreas anteriormente utilizadas como pastizales, favorece el establecimiento de las abejas sin aguijón esto se debe a que los árboles y la vegetación en general proveen los sustratos y alimento para las abejas.

Socialización

Uno de los componentes del proyecto, era el de desarrollar acciones orientadas a la sensibilización de los actores locales para la conservación de las abejas nativas y la sostenibilidad de los ecosistemas forestales, para ello organizaron distintas actividades: una con la participación de 70 estudiantes de cuatro escuelas del cantón de La Cruz: Cuajiniquil, Santa Cecilia, La Cruz Centro y Colonia Bolaños y otra donde participaron funcionarios del Programa de Educación Biológica del ACG y meliponicultores de Cañas dulces, Liberia centro, Agua fría y Curubandé.

“En un marco de construcción académica se desarrolló un espacio de intercambio de saberes donde trasladamos la información científica obtenida por los dos institutos y el ACG a los actores sociales vinculados con la gestión de los recursos naturales de la zona, primero para mostrar resultados sobre la relación planta abejas nativas, pero sobre todo para establecer la importancia de utilizar productos no maderables del bosque como es el caso de la miel que producen estas abejas. De esta manera contribuimos como Universidad a la conservación de estos individuos, indispensables dentro de la cadena trófica”, indicó Sánchez.

Laura Ortiz C./Periodista UNA


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