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Especialista de la UNED señala que Costa Rica cuenta con experiencia previa en centros de datos y capacidades técnicas para analizar proyectos de mayor escala.

Iniciativa anunciada para Limón contempla un campus de aproximadamente 42 hectáreas y una capacidad proyectada de hasta 200 megavatios.

Consumo eléctrico, disponibilidad de agua, conectividad, permisos ambientales y beneficios reales para las comunidades deben analizarse antes de dimensionar el impacto del proyecto.

Formación de talento local podría convertir una inversión tecnológica de esta magnitud en una oportunidad de desarrollo para Limón.

Imagen ilustrativa. Crédito: Pexels.com

La construcción de un Data Center especializado en inteligencia artificial en Limón podría abrir nuevas oportunidades tecnológicas y de formación para Costa Rica; sin embargo, su magnitud obliga a analizar con detalle aspectos como la demanda eléctrica, disponibilidad de agua, conectividad, permisos y los beneficios que efectivamente permanecerían en la provincia.

Así lo señaló el encargado de la Cátedra de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) Esteban Chanto Sánchez, al analizar el proyecto denominado Quantum AI Free Zone Campus, anunciado para Limón y que contempla un desarrollo de aproximadamente 42 hectáreas.

En la que proyecta 200 megavatios (MW) y siete edificios destinados, entre otras actividades, al entrenamiento e inferencia de inteligencia artificial, computación de alto rendimiento, servicios basados en unidades de procesamiento gráfico (GPU) y contempla un desarrollo por fases, hasta alcanzar la capacidad total anunciada.

Para Chanto, el anuncio debe analizarse reconociendo que Costa Rica no parte de cero. El país posee experiencia previa en centros de datos y profesionales especializados en redes, protección de sistemas, gestión energética, continuidad de operaciones y mantenimiento de infraestructura digital.

“Costa Rica cuenta con conocimiento y experiencia para participar en este tipo de industria, que representa una ventaja, pero una infraestructura de esta escala debe analizarse según su ubicación, tecnología, demanda efectiva y condiciones de operación; la experiencia previa no sustituye los estudios específicos requeridos”, dijo.

El experto advirtió que los 200 MW anunciados no deben interpretarse automáticamente como consumo permanente, pues es necesario conocer si corresponden a capacidad informática, capacidad total del campus y cuál sería el nivel efectivo de utilización conforme avance el proyecto.

El análisis plantea que, si los 200 MW correspondieran exclusivamente a equipos informáticos, con una utilización media del 90% y una relación de energía total a energía informática de 1,20, el campus podría demandar alrededor de 1.892 gigavatios hora anuales, equivalente aproximadamente al 14,6% de la demanda eléctrica nacional de 2025.

El especialista de la UNED enfatizó que esta estimación responde a supuestos técnicos y no constituye una previsión del consumo real del proyecto ni demuestra una eventual insuficiencia de la red eléctrica nacional.

Costa Rica, además, posee una condición favorable para este tipo de infraestructura, durante 2025, el 98,6 % de la generación eléctrica nacional provino de fuentes renovables, característica que puede resultar atractiva para compañías tecnológicas interesadas en reducir las emisiones asociadas con sus operaciones.

“La discusión debe determinar qué infraestructura eléctrica adicional sería necesaria, quién asumiría su costo y cómo se garantizaría el abastecimiento durante toda la operación, una inversión de esta escala necesita planificación y responsabilidades claramente establecidas”, indicó.

Recurso hídrico. La documentación comercial del proyecto menciona aproximadamente 350 litros por segundo de disponibilidad municipal, además de pozos y sistemas de tratamiento y almacenamiento; sin embargo, Chanto advirtió que esa cifra no equivale necesariamente al consumo permanente del Data Center ni representa por sí misma una garantía de suministro.

Para determinar el impacto real se requiere conocer el sistema de refrigeración, las fuentes utilizadas y las necesidades de cada fase, “la continuidad del servicio de agua para la población debe ser una condición verificable y cualquier desarrollo industrial debe demostrar cómo atenderá sus necesidades sin deteriorar el abastecimiento existente”, señaló.

Viabilidad demostrable. El análisis de la de la Cátedra de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) de la UNED, también llama a diferenciar entre un proyecto anunciado y una infraestructura que ya cuenta con todas las condiciones necesarias para ejecutarse.

Archivos señalan que Quantum Development Inc., empresa vinculada con la iniciativa, perdió en mayo de 2026 el régimen de zona franca que había obtenido anteriormente como administradora de parques, este antecedente, incluido en el análisis, plantea la necesidad de determinar en qué condiciones fiscales y administrativas operaría finalmente el proyecto.

Según medios costarricenses, la Municipalidad de Limón no conocía la ubicación exacta ni había recibido solicitudes formales de uso de suelo o construcción, el especialista de la UNED advirtió que estos elementos no permiten concluir que el proyecto esté cancelado o sea inviable, pero sí justifican solicitar documentación que permita conocer su verdadero nivel de avance.

“Una propuesta de esta magnitud puede representar una oportunidad, pero las certezas deben construirse con información verificable, hay que conocer el emplazamiento, los permisos, las condiciones de suministro y los compromisos financieros antes de asumir que todo lo anunciado está garantizado”, manifestó Chanto.

¿Qué ganará Limón? Más allá de los requerimientos tecnológicos, el académico consideró que es necesario analizar el impacto que una inversión de esta naturaleza tendría sobre la economía y las oportunidades laborales de Limón.

Durante su construcción, un campus tecnológico podría generar demanda de servicios de construcción, telecomunicaciones, mantenimiento electromecánico, seguridad y logística, no obstante, Chanto señaló que debe diferenciarse el empleo temporal generado durante las obras de los puestos permanentes requeridos posteriormente para operar las instalaciones.

Agregó que, de avanzar el proyecto, instituciones educativas podrían identificar con anticipación perfiles profesionales y técnicos relacionados con redes, energía, refrigeración, automatización, ciberseguridad y operación de infraestructura tecnológica, facilitando que habitantes de Limón tengan posibilidades reales de acceder a los puestos generados.

“La formación debería comenzar antes de que se anuncien las vacantes, una inversión tecnológica adquiere mayor valor para la región cuando las personas que viven allí pueden capacitarse, acceder a empleos especializados y convertirse también en proveedoras de servicios”, destacó.

“El debate no debe reducirse a estar a favor o en contra de los centros de datos, Costa Rica ya convive con ellos, el desafío es definir en qué condiciones queremos que crezcan y cómo vamos a comprobar que realmente producen desarrollo”, puntualizó.

“Antes de celebrar una infraestructura de esta magnitud, debemos preguntarnos qué quedará en Limón cuando termine la construcción y el anuncio deje de ser noticia, si quedan capacidades profesionales, servicios confiables y oportunidades que la población pueda aprovechar, tendremos elementos concretos para valorar su aporte al desarrollo”, concluyó Chanto.

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