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La exclusión educativa en Guanacaste se ha convertido en ejemplo para que las demás regiones del país luchen por disminuir el abandono de los estudios. Crédito de foto: ucr.ac.cr

La exclusión educativa, principalmente en la secundaria, es uno de los mayores retos que enfrenta el sistema educativo del país. Factores como la condición económica, social, falta de vínculos entre los centros educativos y los estudiantes, hacen que miles de jóvenes tomen la decisión de abandonar sus estudios.

Según datos de la Unidad para la Permanencia, Reincorporación y Éxito Escolar (UPRE) del Ministerio de Educación Pública (MEP), al 2017 y basados en el Plan Nacional de Desarrollo, el nivel de exclusión en el país  es de 7.2%. Para ese entonces Guanacaste ocupaba el 8.10%.

Las cuatro Direcciones Regionales de la región Chorotega estaban por encima del porcentaje nacional; Liberia estaba en un 8.6%, Nicoya 8.3%, Cañas 7.6% y Santa Cruz 7.7%,  lo que implicaba que debía redoblar esfuerzos para reducir dicha exclusión.

“A partir del 2017, se llevó a cabo la estrategia nacional para aumentar la permanencia y la reincorporación de estudiantes en centros educativos, y estas cuatro regiones de Guanacaste lograron bajar la exclusión estudiantil sorpresivamente. Se esperaba que bajaran del 8.10% al 7.85%, sin embargo lograron llegar en el 2019 a un 5.9% registrando la mayor disminución en los últimos 10 años”, comentó Patricia Méndez, jefa de la UPRE.

Méndez agregó que la Dirección Regional de Liberia actualmente cuenta con un 6% de exclusión, Nicoya 6.7%, Cañas 3.7% y Santa Cruz con un 6.6%; es decir, todas están por debajo del porcentaje nacional, lo que representa una cantidad significativa de estudiantes que permanecen en las aulas. Cabe destacar que casi 20.000 estudiantes terminaron fuera de las aulas en el 2019.

Estrategia se enfatiza en la alerta temprana

“Nos hemos enfocado en detectar factores de riesgo o de vulnerabilidad en estudiantes, que amenazan su deserción. Por ejemplo, si un estudiante suele faltar varios días por semana, o bien si tiene situaciones de extrema pobreza,  o está desmotivado; éstas son situaciones de alerta que debemos identificar y movernos de inmediato para darles seguimiento y evitar que abandonen sus estudios”, explicó Patricia Méndez.

Ante  la presencia del COVID-19, la falta de apoyo del núcleo familiar o las situaciones de violencia podrían afectar lo que se ha logrado en los últimos 3 años, por lo la estrategia deberá fortalecer los lineamientos de permanencia y el vínculo con el estudiante no solo en cuanto a estudio, sino como apoyo social.

El sistema de alerta temprana ha creado una plataforma ministerial que tiene registrado a más de 1 millón de estudiantes, y permite tener el control de las matrículas de los estudiantes, sus traslados o nuevos ingresos, por ejemplo, y darles la respectiva continuidad.


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