Foto con fines ilustrativos. Cortesía: UNED

En los últimos dos años la educación superior costarricense tuvo avances significativos. Antes era común escuchar que la población estudiantil  más pobre era la que con mayor facilidad abandonaba las aulas, pero este ya no es el caso, porque el panorama ha cambiado.

Según el último Informe del Estado de la Educación, se reporta un nuevo aumento en la asistencia a la educación superior. En el 2016 solo el 53% de los jóvenes de 18 a 24 años había completado la secundaria y no todos ellos continuaron con estudios superiores, pero sí cerca del 61% lo hizo.

La Encuesta Nacional de Hogares 2016, registra que la asistencia de este grupo a la educación superior es mayor en la región Central, en zonas urbanas y entre las mujeres, en los quintiles más altos de ingreso.

En los tres primeros quintiles, la cobertura aumentó de 14% a 19% en seis años. Lo que denota que esta proporción de estudiantes de educación superior pasara 31% en el 2010 a 43% en 2016 y que disminuyera la sobrerepresentación de jóvenes de mayor ingreso.

 Por otro lado, de acuerdo con el Informe en el 2010 el 65% de los universitarios procedía de los dos quintiles de mayores ingresos, aunque su peso poblacional equivale al 35% del grupo de 18 a 24 años.

Para el 2016 las cartas cambiaron, esa sobrepoblación se redujo a 57%.

Las oportunidades de acceso a la educación superior tienen un componente de desigualdad, que refleja la concentración de la riqueza  que exhibe el país, que corresponde a los patrones de fracaso en completar la enseñanza secundaria, que es mayor en los estratos de menores ingresos.

Por esta razón, las posibilidades de acceso para la población de escasos recursos mejoran gracias a los amplios programas de becas de las universidades públicas, que cubren cerca del 50% de la matrícula total, lo cual se traduce que la mitad de los jóvenes que asiste a esos centro educativos pertenece a los tres primeros quintiles de ingreso.

A diferencia, que en el sector privado esa proporción ha descendido al 38%.

El Informe destaca que la brecha de acceso a la educación universitaria en perjuicio de los quintiles pobres se empieza a gestar en etapas previas (secundaria o primaria incompletas, o concluidas tardíamente).

Esto se asocia con la cantidad de personas que terminan la secundaria. La población de 18 a 24 años que completó ese nivel pasó de 46.2% en el 2010 a 52.6% seis años después.

Según el Estado de la Educación, una manera de observar la participación de los quintiles medios y bajos en las universidades estatales consiste en cuantificar la proporción de estudiantes que se graduaron de colegios públicos.  De las generaciones de los años 2000,2004, 2007 y 2009, a partir de los registros de las universidades estatales, revela que la mayoría de estudiantes de primer ingreso provino de este tipo de colegios; de ellos 71% UCR, 85% UNA y 77% TEC).